Cuando la enfermedad mental entra por la puerta, la empatía salta por la ventana

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Cada  10 de octubre se celebra el día internacional de la salud mental. Ese día, quien más y quien menos otorga un “me gusta” a frases, fotos y noticias relacionadas con el reconocimiento y la inclusión de las personas que la padecen. ¿Y sabéis qué? 

Que a mí me parece que todo ese apoyo y esa compresión se desvanecen con la misma velocidad con la que hacemos el click en nuestro ratón. Actualmente seguimos muy lejos de comprender lo que una enfermedad mental implica y las dificultades que sufren quienes la afrontan cada día.

Recientemente, impartiendo un módulo de búsqueda de empleo, hice en clase una dinámica grupal con roles asignados. Los participantes eran personas jóvenes con edades comprendidas entre los 20 y los 28 años. A uno de ellos le tocó asumir el rol de una persona con enfermedad mental (no se especificaba cuál padecía). Lo que me llamó la atención, y me hizo escribir este post, es que ese chico asumió un papel en el que daba visibilidad a su enfermedad a través de tics y de un comportamiento en el que hacía ostentación de su “locura” y lo utilizaba como algo intimidatorio frente al grupo. A su vez, los demás se referían a él utilizando términos como “el loco”, “el trastornado”, “el pirado”…

Eso me llevo a preguntarme ¿Realmente estamos educando en valores? ¿Dónde dejamos la tolerancia y el respeto? ¿Qué atención estamos prestando a habilidades como la empatía?

Muchas de las personas que sufren una enfermedad mental acaban manifestando algo en la línea de que preferirían tener un cáncer a su enfermedad. Es muy duro manifestar algo así pero ¿sabéis porque lo dicen? Porque ellos, aparte de luchar con su enfermedad, luchan con la incomprensión de su entorno. A una persona con cáncer no vamos y le decimos venga no estés triste… venga tienes que salir… lo que necesitas es que te de el aire… Nadie pide a una persona en silla de ruedas que camine ¿verdad? Pero la invisibilidad del trastorno mental hace que su entorno le exija cosas que no es capaz de hacer, que le juzgue y le etiquete por los síntomas o el nombre asociados a su enfermedad, y no por sí mismo.

Y hasta ahora no he hablado de otra cuestión que como orientadores e intermediadores nos atañe, que es  la inserción laboral de las personas con enfermedad mental. Aunque más adelante escriba sobre el tema, me gustaría señalar aquí que desde entidades como la obra Social de la Caixa ponen a disposición de todos los profesionales vinculados a la inserción, materiales destinados a promover la sensibilización en torno a la incorporación laboral de las personas con trastorno mental. Entre ellos, os recomiendo leer la guía para la integración laboral de personas con trastorno mental

Me gustaría que quienes me leáis, reviséis vuestras actitudes hacia las personas que padecen un trastorno mental, que detectéis prejuicios, que los analicéis, que desmitifiquéis… y aquellos de vosotros que, como yo, sois orientadores u orientadoras, que os forméis e informéis para trabajar de forma eficaz con estas personas, para desarrollar buenas prácticas ¿Por qué sabéis una cosa? Según datos de la Organización Mundial de la Salud:

  • Una de cada cuatro personas, es decir, el 25% de la población, sufre un trastorno mental a lo largo de su vida.
  • 450 millones de personas en todo el mundo están afectas por una enfermedad mental, neurológica o conductual que dificulta gravemente su vida. Todas las personas corremos riesgo de tener problemas de salud mental.
  • Se prevé que los trastornos mentales aumentarán considerablemente los próximos años.
  • Entre el 70 y el 80% de las personas con enfermedad mental están en situación laboral de desempleo

 

Foto:pixabay.com

 

 

Sobre Carmen Robledo

Pedagoga especializada en orientación laboral, intermediación y selección de personal.

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