Controlando lo Incontrolable

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Mira que somos cabezones… Tenemos la absurda convicción de poder controlar casi todo lo que nos rodea con la esperanza de poder evitarnos “sorpresas desagradables” y siempre hay un momento en el que algo pasa que desmonta nuestro perfecto plan que tan minuciosamente habíamos creado.

Porque esas variables a las que tanto tenemos son muchas. Demasiadas. Pero aún así nuestra necesidad de control no cesa. Queremos controlar no sólo aquello que tiene que ver con nuestra propia individualidad sino también, y esto es lo alucinante, circunstancias y decisiones de otros donde poco podemos pintar. Voy a romper una lanza a nuestro favor. El motivo es muy noble ya que es el amor el que nos incita a tener ese control. No queremos que nada malo ocurra a quien amamos y a través de ese control pretendemos poder minimizar cualquier cosa negativa que a este pueda sucederle. Pero mirándolo desde otra perspectiva… ¿ Es sólo amor o hay también un puntito egoísta en todo esto? No queremos que le ocurra nada a quien queremos porque lo amamos, eso está claro. Pero también porque de ser así, sufrirás. Sentirías dolor. Y huimos del dolor. Tal vez sea la faceta vital que más nos pueda asustar.

Dentro del cerebro humano existe un gran desconocido que tiene una importancia extraordinaria dentro del plano emocional e irracional de nuestros actos. Hablo de la amígdala. (Os recomiendo un estupendo libro, El maestro del corazón, de la psicóloga francesa Anne Marquier, que trata este tema de un modo maravilloso por su simplicidad y claridad). La amígdala es un resquicio que aún conservamos de nuestra época animal y presente en todos los animales actuales. Su misión era clara: la supervivencia. Cuando en una situación de peligro nuestro corazón se acelera y reaccionamos de manera inmediata buscando evitar males mayores, es la amígdala quién reacciona. Es responsable en gran medida de ese lado irracional o instintivo que todos tenemos y el generador emocional por excelencia. A medida que el ser humano evolucionó su importancia dentro del cerebro fue disminuyendo pero sigue siendo clave para poder comprender emociones como el miedo. En fin, como veis huir del dolor es algo que tenemos bien integrado dentro de cada uno de nosotros. Pero el dolor forma parte de estar vivo. No queremos que nos toque pero es inevitable encontrarnos con él en algún momento, ya sea en su parte física o emocional. Y creemos que “controlando” todo podremos evitar que llegue a nosotros. De ahí esa obsesión por controlar. Pero nos olvidamos de algo muy importante. Al igual que tú eres un maravilloso individuo capaz de tomar tus propias decisiones, los demás también. Y del mismo modo que tú has aprendido a base de castañazos muchas de las cosas que ahora sabes, los demás también deben aprender. Les dolerá igual que a ti te dolió en su momento. Y te dolerá cuando ésto suceda porque les quieres y no deseas que nada malo pueda ocurrirles. Por mucho que trates de huir o evitar ese trago, debe pasar. No puedes controlar la vida ni las decisiones de otros. Pero si puedes mostrar con tu ejemplo otras formas diferentes de hacer las cosas para que cuando llegue el momento ese a quien quieres proteger a toda costa pueda tomar una decisión que minimice al máximo ese dolor.

Las variables que encontramos en nuestra vida son tan grandes que es absolutamente imposible controlar todas y cada una de ellas. Eso no quiere decir que de igual lo que hagas porque al final el resultado será siempre el mismo. Una acción por sí sola no condiciona un resultado. Es la repetición de acciones quién lo hará. Porque tomes una copa un día no es probable que termines alcohólico. Cuando son diez diarias, las posibilidades aumentan. Y esto es aplicable cualquier tipo de decisión que tomes en tu vida.

En algún momento el dolor llegará. Te sentirás perdido y cuestionaras muchas de las decisiones que hayas tomado. Pero ten claro que no es el control de todo y todos quién puede evitar esa situación porque llegará por el simple hecho de vivir. Se trata de comprender que no es más que algo que debes aprender, interiorizar y hacer tuyo para sucesivas ocasiones. Saca el máximo provecho de cualquier situación inesperada y dolorosa, sea del tipo que sea. Ahí incluyo la pérdida de un ser querido porque hasta en esos momentos donde dudas y pones entredicho lo humano y lo divino, tu actitud y manera de enfocarlo hará que pueda ser una experiencia que tanto a ti como a aquellos que amas les pueda servir de algo , dándole un punto de vista de creación, no de exclusivamente de pérdida.

Y entonces, ¿Que puedo controlar? Tus decisiones. Tienes la libertad de tomar tus propias decisiones. Si aciertas o no lo verás más adelante y aprenderás de su resultado. Controla tus decisiones y deja que los demás controlen las suyas. Al final, entre todos, aprenderemos unos de otros que, a fin de cuentas, de eso va la película….

Sobre Óscar Montejo

Soy una persona apasionada por el crecimiento personal y a partir de mi propia experiencia trato de ofrecer un enfoque diferente a todos aquellos que puedan necesitar un cambio vital y no sepan por dónde empezar. 

 

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