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Con nosotros todo y sin nosotros nada: personas motivadas

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“Solo es posible avanzar cuando se mira lejos. Solo cabe progresar cuando se piensa en grande.” José Ortega y Gasset.

 

¡Saludos cordiales, amigo rutero que como cada jueves me acompañas! Espero hayas tenido una excelente semana desde nuestro pasado encuentro. Hoy, continuando esta serie temática titulada Con nosotros todo y sin nosotros nada,  compartiré contigo una propuesta sobre la motivación: la segunda de las 9 variables que en mi opinión, deberían ser el resultado y la consecuencia de un liderazgo efectivo, que ponga en el centro de su accionar a LAS PERSONAS QUE SON cada organización. Variables de las cuales te hablé en el primer artículo de la serie.

Nuestro tema de hoy es, entonces, personas motivadas

El liderazgo organizacional es uno de los procesos más estudiados y priorizados de la historia. Y ello no es en modo alguno casual; se trata simplemente de que las organizaciones son creadas y existen para cumplir determinados objetivos (de sus creadores/gestores, de sus integrantes/colaboradores y de la sociedad), y resulta imposible lograrlo sin la participación y la contribución de las personas que constituyen su esencia, su sangre y su vida misma. Ellas son la organización, y ellas hacen todo cuanto la organización hace y ofrece al mercado: sin ellas, pues, nada es posible ni tiene sentido alguno.

 

En función de esto (y como ya he compartido contigo antes) los líderes en posición gerencial deben ser capaces de lograr que las personas sepan hacer su trabajo, quieran hacer su trabajo y puedan hacer su trabajo. Esa es su función. Para eso se les paga.

 

La semana anterior analizamos un grupo de elementos pertinentes a ese  saber hacer (personas preparadas). ¿Qué puede ser considerado entre lo más importante y prioritario, entonces, en cuanto al querer hacer?

 

De eso se ocupa desde hace mucho tiempo el estudio de la motivación, y las aplicaciones de este y sus aportes al desempeño y la gerencia de las organizaciones. Los humanos no hacemos bien (y con bien, hablo de enfoque a la excelencia, no solo al mero  cumplir) aquello para lo que no estamos suficientemente motivados, tanto cuantitativa como cualitativamente; y en el ámbito organizacional, mantener en alza y bien orientados los niveles de motivación es una responsabilidad dual. Le toca a cada persona, como responsable, actor y gestor principal de su propio proceso de realización personal; y también le corresponde a sus líderes, en tanto responsables, como un mínimo imprescindible y muy básico, de:

 

  • identificar los factores motivacionales que funcionan para cada persona en cada momento,
  • crear y mantener las condiciones necesarias para que tales factores se manifiesten y hagan posible, factible y viable un desempeño orientado a la excelencia, y
  • estimular en los modos más pertinentes y sostenibles los desempeños de cada persona, evitando la generalización y enfatizando en la personalización, de forma tal que ello contribuya al crecimiento constante de la motivación.

 

En un texto de próxima aparición sobre la marca personal de los líderes, he propuesto diversos elementos sobre este estratégico tema que quiero compartir contigo aquí. Se trata de algunas de las más generalizadas falacias que suelen argüir ciertos “líderes” como justificación de sus pobres desempeños y resultados (y que en dicho trabajo procuro desmontar); y una de ellas trata, precisamente, sobre la motivación. ¡Aquí la tienes!

 

 

La gente aquí está muy desmotivada.

Eso es imposible. Por definición, la desmotivación es ausencia de motivación o de motivos. Si sus liderados no tuvieran motivación o motivos para estar allí, estarían en otro sitio; por ende, están allí motivados por algo (aunque sólo sea porque no tienen otro remedio, como le escribió Nancy Austin a Tom Peters en su clásico de los 80 Pasión por la Excelencia, explicándole su criterio sobre por qué funcionan bien las pequeñas empresas que compiten con las grandes).

Lo que hay que averiguar es si los motivos que ellos tienen para estar trabajando con usted, bajo su dirección, coinciden con los que usted desearía que tuvieran. O dicho de otro modo (siguiendo a Stephen Robbins), aplicando la motivación a la administración por objetivos: si los objetivos personales de sus subordinados son congruentes con los de la organización, es decir, con lo que esta (o usted) espera de ellos.

Pueden estar motivados, por ejemplo,

  • por el salario, o
  • por la pertenencia y la posibilidad de socializar con gente que les agrada, o
  • por la seguridad que les ofrece un empleo fijo, o
  • por la necesidad de salir durante 8 horas diarias de un ambiente hogareño disfuncional, o
  • por la oportunidad de ejercitar sus capacidades y desarrollar sus habilidades, o
  • por la urgencia de enriquecer su currículum con una experiencia pertinente, o
  • por cualquier combinación entre dos o más de los anteriores, o
  • por muchos otros motivos; casi tantos como personas sean. 

Hay miles de posibles motivos para que estén allí con usted.  La pregunta es: ¿alguno de ellos (o su versión más sencilla, popular, práctica y no "literaria"), se parece, por ejemplo, a “crecer en un clima y ambiente laboral enriquecedor”, o “desarrollarme bajo el mando de un líder efectivo y humano”, o “aportar resultados a un equipo donde todos contribuimos,  crecemos y nos apoyamos mutuamente”, o “hacer una gran carrera ascendiendo paulatinamente en una organización que me inspira”, o…? 

Ojalá se parezcan. De no ser así, tiene usted un serio problema de liderazgo, pues lo que motiva a su gente no se parece a lo que usted necesita que les motive. Revise sus métodos y estilos de dirección, revise el ambiente y el clima organizacional (¡no son lo mismo, por Dios!), revise la coherencia directiva y los valores organizacionales, revise su propio ejemplo personal, y sobre todo, revise a fondo lo que usted proyecta hacia ellos en términos de motivación: ¿está usted altamente motivado por lo que hace y logra, y les ofrece de forma creíble, constante y cercana, con hechos y palabras, ese ejemplo de alta motivación?
 

 

Hasta aquí el fragmento, que te he propuesto de forma textual; no tiene mucho sentido reescribir lo ya escrito, ¿verdad?   

 

 

Amigo rutero: espero que estas reflexiones sobre la motivación te aporten algo que puedas aplicar en tu praxis, sea como colaborador o como líder. Tener en cada puesto a personas adecuadamente motivadas es imprescindible para tener organizaciones efectivas, competitivas y sostenibles; que sean, en resumen, realmente exitosas.

 

La semana entrante seguimos con otro tema en esta serie, proponiendo sobre y para un liderazgo que tenga muy presente la esencia visible y subyacente de su título: Con nosotros, TODO, y sin nosotros, NADA.

 

¡Aquí te espero! ¡Un abrazo! ¡Buena ruta!

 

 

Foto:pixabay.com

Sobre Vladimir Deléyade Estrada Portales

 

Cubano, residente en República Dominicana. Licenciado en Educación. Máster en Consultoría Gerencial.

Diploma Europeo en Administración y Dirección de Empresas. Postgrado en Capacitación Gerencial. Postgrado en Gestión de RRHH.

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