Cómo ayudar a los hijos a adaptarse a los primeros días de Infantil

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CONSEJOS DE AMEI PARA LA VUELTA AL COLE

  • Una buena planificación y mucha paciencia y comprensión son los elementos clave para estas fechas
  • Los padres deben despedirse en la puerta del centro mostrándoles seguridad y afecto y con una gran sonrisa en los labios

6 de septiembre de 2017.- Con inicio del mes de septiembre, la mayoría de las Comunidades Autónomas tienen fijada la “vuelta al cole” en educación Infantil. Tanto las familias como los centros educativos centran sus esfuerzos en la acogida de los niños, ya que esta incorporación deja una profunda huella sobre el sentimiento de seguridad, fundamental en la sección de los más pequeños.

Durante estos primeros días de asistencia al centro, el niño o niña va a sufrir una serie de cambios, ya que pasa de estar en un medio en el que él es el principal protagonista, a otro en el que va a tener que convivir, relacionarse y compartir con sus iguales. Además, tiene que incorporarse a un nuevo ambiente donde personas, espacios y materiales son desconocidos para él y tiene que separarse de las personas queridas y conocidas.

Aunque el período de adaptación tiene unas características particulares que dependen de varios factores como la edad del niño o la asistencia anterior a algún centro educativo, la Asociación Mundial de Educadores Infantiles (AMEI-WAECE) ofrece algunos consejos a los padres:

  • Lo primero es mantener la calma y mostrar tranquilidad y seguridad. Dependiendo de la actitud de los padres, el niño puede vivir su primer día de cole como una aventura o como una mala experiencia. Si la madre o el padre viven con dificultad este momento, el niño va a reclamarles con ansiedad y va a vivir la adaptación con inseguridad y miedos.
  • La relación de confianza entre el centro y la familia es muy importante. El objetivo es conseguir un conocimiento mutuo entre las partes implicadas (padres-niños-escuela), en el que se establezca una relación de confianza.
  • Estar muy alerta, ya que cada niño/a exterioriza y expresa las emociones de estos días de diversas formas, pero todos ellos necesitan ayuda por parte de sus padres y educadores.
  • El centro educativo debe informar a las familias de lo importante que es respetar el periodo de adaptación, y es recomendable entregar un documento informativo sobre cómo se debe llevar a cabo para que sirva de referencia a ambas partes. Durante la primera reunión con el tutor o tutora de aula, se establecerán los tiempos con los padres hasta llegar a la total permanencia del niño en el centro, atendiendo a la individualidad del mismo, a las necesidades de la familia y sus circunstancias personales.
  • La presencia de las familias en el periodo de adaptación dependerá de la edad de los niños, las características del grupo y los planteamientos de cada centro o educador. El centro debe plantear esta opción como un ofrecimiento, nunca como una imposición, ya que hay que contemplar situaciones familiares en las que los padres no pueden acudir con sus hijos ya que en el trabajo no se lo permiten. En este caso no hay que hacer sentir culpables a los padres, sino ayudar en todo lo posible para que el periodo de adaptación sea lo menos traumático posible para el pequeño.
  • Si bien lo que se busca durante el periodo de adaptación es que el niño se incorpore a las nuevas rutinas, en los primeros días hay que ser flexible y sobre todo paciente, ya que los menores deben ir adaptándose a los nuevos horarios.

En estos momentos, los padres se ven influenciados por cómo viven ellos mismos la separación:  sus temores, sus expectativas, su ansiedad, su angustia, su seguridad o inseguridad, su grado de confianza en la institución y en las posibilidades de su hijo/a, etc. Todo esto es transmitido y captado por el niño”, afirma Juan Sánchez Muliterno, presidente de la Asociación Mundial de Educadores Infantiles (AMEI-WAECE). “Si la madre vive con dificultad este momento el niño va a reclamarla con ansiedad y va a vivir la adaptación con inseguridad y miedos. Lo más importante es mantener la calma y mostrar seguridad”.

Ante su nueva incorporación a la vida escolar, los niños suelen reaccionar de distintas maneras:

 

·      Unos se rebelan en el primer momento y sueltan su rabia contenida, en forma de llantos, pataleos o incluso tirando objetos y no queriendo hacer nada de lo que se les pide. Algunos incluso rechazan la comida o comienzan a hacerse pis de nuevo. En principio es una reacción normal y el pronóstico de adaptación es bueno.

·      Otros lo llevan bien entre comillas el primer día, pero es en el segundo o el tercero (al ver que la situación no es transitoria) cuando sacan la rebeldía con rabia o tristeza. También este caso suele ser habitual e igualmente augura una adaptación correcta y no demasiado prolongada.

·      Por último, hay otro grupo de niños que parecen aceptar la situación, pero manifiestan actitudes de aislamiento. No lloran, hacen lo que se les dice, colaboran si se les pide, pero con una cara triste y resignada. Se suelen quedar en un rincón observando pasivamente y hablan muy poco. Estos son los que más preocupan a los educadores porque les cuesta sacar al exterior sus sentimientos y estado emocional y necesitan más tiempo de adaptación

El periodo de adaptación se puede dar por terminado cuando se ha conseguido una cierta estabilidad emocional en el grupo, y las criaturas son capaces de asumir con más tranquilidad los momentos de separación y reencuentro con las familias, así como la totalidad del tiempo de estancia en el centro.

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