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Comienza a liderar tu vida

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Los que nos dedicamos a la orientación profesional, los que trabajamos para ayudar a las personas a que puedan encontrar un camino hacia ese empleo que perdieron hace tiempo, solemos encontrarnos con un colectivo que nos llega marcado por unas características muy concretas, una serie de carencias competenciales que les han llevado a perder esa implicación con la responsabilidad de hacerse dueños de su realidad, quedando de esta manera como  barcos a la deriva y a la espera de que pase la tormenta.

Todos tenemos condicionantes en nuestras vidas, circunstancias que influyen de manera importante en su desarrollo, pero también hemos de ser conscientes de que la vida no tiene por qué estar determinada por esas circunstancias ya que nosotros tenemos la capacidad de poder cambiarla, la capacidad de poder liderarla, y es justamente esa capacidad de liderazgo la que han perdido muchas de las personas que se acercan a nuestros servicios de orientación. La capacidad de liderazgo podríamos entenderla como la capacidad para liderar nuestra propia vida tanto personal como profesional y está conformada por cuatro competencias fundamentales que en los casos de desempleados de larga o muy larga duración suelen presentarse de forma muy deficitaria.

En primer lugar, son personas que muestran un BAJO DE NIVEL DE AUTOCONOCIMIENTO, y resulta que en toda búsqueda de empleo ese es el punto de partida. No olvidemos que, en definitiva, la búsqueda de empleo es un proceso de marketing en el que tenemos que poner en valor nuestra empleabilidad y para eso tenemos que conocer a la perfección aquello que tratamos de “vender”: nuestras fortalezas, nuestras emociones, nuestros valores, nuestras creencias -tanto las limitantes como las potenciadoras-, nuestros estados de ánimo como factor influyente en nuestra búsqueda de empleo, etc. En resumen, tenemos que conocer nuestras capacidades para gestionarlas de forma eficaz de cara a obtener buenos resultados en la búsqueda de empleo.

¿Qué podemos hacer para trabajar el autoconocimiento?  Hay varias opciones:

Una primera sería la utilización de una herramienta muy eficaz, la Matriz DAFO, que es un cuadrante que nos permitirá tener una visión de la situación de partida en la que estamos teniendo en cuenta nuestro objetivo.

DEBILIDADES AMENAZAS
FORTALEZAS OPORTUNIDADES

El análisis de nuestros conocimientos y habilidades, de nuestras experiencias, nuestra personalidad, nuestras actitudes… nos permitirá tomar conciencia de las acciones que tenemos que poner en marcha de cara a aprovechar las oportunidades que se nos presentan, potenciando nuestras fortalezas y diseñando un plan de mejora para nuestras áreas deficitarias con el fin de minimizar esas amenazas.

También las personas de tu entorno (familiares, amigos, compañeros…) pueden ser otra buena herramienta ya que a veces nos ayudan a descubrir valores de los que no teníamos conciencia o no los considerábamos importantes.

Una segunda característica de estas personas sería la REACTIVIDAD ante lo que les ocurre, manteniendo una actitud de falta de control de su vida en la que adquieren la posición de una víctima que está controlada o determinada por factores externos, bien sea por la suerte o el destino o por otros factores como la crisis, factores económicos, políticas laborales, enchufes, etc. (locus de control externo).

¿Qué se puede hacer para trabajar la proactividad?  La persona proactiva sería lo contrario de la reactiva, es decir, aquella que asume el control sobre su vida y es consciente de que siempre hay algo que puede hacer para cambiar aquella situación que no le satisface. Y para ello puede realizar algunas de las siguientes acciones:

  • Volvemos al punto del autoconocimiento haciendo en primer lugar una reflexión de nuestra tendencia a atribuir la causalidad de lo que nos ocurre.
  • Seguidamente piensa en aquello que puedes hacer tú, aquello que depende directamente de ti, analizando con qué cuentas y qué falta para modificar la situación.

Como tercera característica, estas personas suelen presentar una BAJA EXPECTATIVA ANTE SU PROPIO ÉXITO, factor que tiene mucha relación con la percepción del control externo y con una baja autoconfianza que puede venir determinada por unas “interpretaciones negativas” que se han ido dando tanto a los éxitos como a los fracasos pasados.

Por eso, aquellas personas con bajo sentimiento de autoeficacia, que sienten que no pueden conseguir el trabajo que desean, entran en un bucle en el que la perseverancia ante la búsqueda activa de empleo queda notablemente dañada perdiendo así el foco en sus objetivos, entrando en una inactividad enfermiza y, por tanto, reduciendo la posibilidad de conseguirlo.

¿Se puede trabajar la autoeficacia? Por supuesto que sí. Es un terreno que está muy unido a los anteriores y al de las emociones. En este sentido se podría empezar por llevar a cabo alguna de estas ideas:

  • Revisa tus emociones, ponles nombre e intenta determinar qué pensamientos van asociados a ellas. Ten en cuenta que “todo pensamiento nos lleva a una emoción”.
  • Todos cometemos errores, pero esos errores pueden servirnos de lección si los analizamos y no los tomamos como fracasos sino como puntos de aprendizaje.
  • Haz un listado con aquellos logros que has tenido a lo largo de tu vida. Verás como resulta que tú has conseguido más de lo que pensabas.

Y por último, una de las características más comunes en este tipo de desempleados sería su FALTA DE OBJETIVOS que se resumen en la famosa frase de “busco trabajo de lo que sea”. Vamos a ver, sin objetivo profesional no solo no sabemos dónde y qué buscar sino que tampoco sabremos qué plan de acción debemos trazar para que esas debilidades, eso que nos puede restar puntos frente a otros competidores, pueda ser trabajado de manera que nuestro  nivel de empleabilidad se acerque cada vez más a aquello que nos viene marcado por el mercado laboral, nos guste o no.

Pero no olvidemos que cualquier objetivo, bien sea laboral o no, debe estar formulado siguiendo estas cinco reglas:

Específico: Tenemos que llevarlo al detalle, es decir, no me sirve solo “querer ser camarero” sino que hay que especificar dónde y en qué condiciones, porque no es lo mismo ejercer de camarero en un chiringuito de playa que en un restaurante con estrella Michelín. Cada uno de ellos va a tener unas exigencias diferentes y por lo tanto, van a condicionar el plan de acción.

Medible: Hemos de poder medir los resultados que vamos obteniendo, por lo que será necesario tener establecidos pasos parciales (objetivos intermedios medibles) para llevar a cabo el correcto seguimiento y saber si estamos o no en la vía adecuada para llegar al objetivo final.

Ambicioso: O dicho de otra manera, lo suficientemente atractivo como para que nos haga salir de nuestra zona de confort y aceptar que probablemente la consecución de ese objetivo implicará la realización de cambios en nuestra forma de comportarnos, en nuestras rutinas diarias, en nuestras costumbres… que deberemos cambiar manteniendo siempre presente aquello que nos aportará la consecución de ese objetivo, y es aquí donde radica la ambición.

Realista: El objetivo ha de poderse alcanzar y ojo, porque además tú tienes que estar seguro no solo de que el objetivo es posible, sino de que también puedes alcanzarlo tú ya que otros lo consiguieron antes. El autoconocimiento junto con el conocimiento del mercado laboral harán que tomemos consciencia de los recursos personales y ambientales con los que contamos para ello, al igual de las áreas de mejora en las que necesitaremos trabajar para que ese objetivo sea verdaderamente alcanzable.

Temporalizable: Aunque parezca prácticamente imposible establecer un tiempo de consecución cuando nos referimos a la búsqueda de empleo, ya que no solamente depende de lo que nosotros hagamos, el simple hecho de hacerlo, hace que la motivación se ponga en marcha empecemos a movernos. Establecer plazos para cada uno de los objetivos parciales (herramientas de búsqueda, preparación para entrevistas, localización de empresas…), nos ayudará a temporalizar el objetivo final.

Esta secuencia es conocida por el Método SMART para la definición de objetivos.

¿Hay algo que nos ayude a recordarnos nuestros objetivos? Pues sí, hay tres sencillas cosas que podemos hacer para recordarnos que todo nuestro trabajo debe estar dirigido a la consecución de ese objetivo.

  • Compartir tu objetivo con las personas de tu entorno con el fin de conseguir aliados entre ellas.
  • Escríbelo y ponlo en algún lugar visible de tu casa en el que te sea obligado leerlo cada vez que pases.
  • Divídelo en objetivos menores (pasos intermedios) que sean más fácilmente alcanzable de manera que esto te haga sentir eficaz y tener la sensación de que vas por el buen camino.

Felipe J. García

Sobre Felipe J. García Pérez

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