Comencemos con la mirada

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Hola soy Marta, soy orientadora laboral y cada día mantengo la mirada con desconocidos una media de 3 horas al día.

 

Hace algunas semanas me preguntaba al acabar la jornada y ver mi rostro reflejado en el espejo por la cantidad de horas que paso al día observando atentamente a quien se sienta enfrente.

 

No es sólo la dilatación y contracción de la pupila con un ligero parpadeo, es establecer contacto visual, es decirle a la otra persona: “Ey! Estoy aquí, puedes contar conmigo. Estoy aquí para ayudarte”.

 

Trabajo en un servicio público de orientación en el que atendemos a personas desempleadas que han perdido su trabajo recientemente o que llevan años en busca de un empleo que les borre de una vez por todas la terrible etiqueta de parado de larga duración. Universitarios y universitarias recién graduados y graduadas con ganas de comerse el mundo en busca de la práctica, la beca o el ansiado Máster que pueda darles la oportunidad de estrenarse en su primer curro. Mujeres que han criado a sus hijos y no saben cómo enfocar su currículum para incorporarse a un mercado laboral que desconocen. Emprendedoras y emprendedores que quieren ser autónomos. Personas en edad activa y sin trabajar que alcanzan la temida edad de los 45. Jóvenes que ni estudian ni trabajan. Inmigrantes con estudios sin homologar a los que no les queda más remedio que aceptar trabajos precarios, mal pagados y en muchas ocasiones sin contrato. Y un larguísimo etcétera.

 

Créanme si les digo que en mi trabajo es importante conectar desde el minuto cero. Es necesario crear un ambiente de confianza, seguridad, comprensión, afecto y cercanía desde la primera cita.

 

Suena el teléfono: “Marta, está aquí fulanito de tal”. Nunca sé a quién me voy a encontrar en la primera entrevista. No pedimos ningún dato de la persona que solicita el servicio más que su identificación y un número de teléfono para poder contactar. La persona llama voluntariamente y solicita orientación sin más. Es en el momento en que se abre la puerta, siempre tras unos suaves golpecitos y un ¿se puede?, cuando le pongo cara a ese tal fulanito.

 

Fulanito es Andrés, Belén, Nieves, Samira o Juan Ignacio. Personas que vienen a que les ayudemos a ver qué pueden hacer para encontrar un trabajo. Vienen a contarnos el deseo, los anhelos, los miedos, las inquietudes, el desconocimiento, las necesidades y las dificultades que encuentran antes y durante  la difícil carrera de obstáculos que puede llegar a ser el obtener un empleo.

 

Todo esto se lo cuentan a una perfecta desconocida que les va a ir preguntando por todos esos aspectos mediante una entrevista medio dirigida, y digo medio porque cada caso es tan particular que me obliga a detenerme y cambiar mi discurso casi continuamente.

 

“ El éxito de la entrevista depende, fundamentalmente, de cómo se pregunta y de saber escuchar”. ( Alles, 2005).

 

 

Es ahí donde juega un papel fundamental el contacto visual. La mirada como poderosa herramienta de la comunicación no verbal para crear el vínculo necesario en la relación orientador/a y cliente.

 

Una buena entrevista ha de ir acompañada de una buena mirada, seguida de otros aspectos de la comunicación no verbal como son la sonrisa, un tono de voz adecuado,la postura o los gestos de comprensión que hacen que la persona sienta que la estamos escuchando y pueda contarnos aquellos aspectos de su vida personal y sociolaboral que van a ser determinantes para poder realizar un buen diagnóstico de la situación.

 

No me imagino haciendo todo esto con mi interlocutor/a sin esa mirada comprensiva. Mirar es escuchar. Es cuestión de sensibilidad.

 

No me preguntéis por el porcentaje de tiempos exacto que invierto en esa mirada, es difícil saberlo. A veces es más larga e intensa, otras más corta y certera pero lo que sí tengo claro es que es el punto de partida en el que le haces saber a la otra persona que estás en modo escucha, receptiva y preparada para procesar su mensaje.

 

Una mirada nos puede decir mucho. El momento en que nuestros ojos entran en contacto hay comunicación entre ambos. Los míos te dicen: “ Hola, soy toda oídos”. Entonces, sin saberlo, con tus ojos me cuentas cómo estás.

 

El tipo de conexión que se genera es brutal. Nunca falla. Mientras nuestros ojos dialogan nuestras pupilas se entienden a la vez que se regulan con la luz.

 

Dice el refrán que los ojos son el el espejo del alma. Los ojos, esas grandes ventanas que tenemos para dejar escapar nuestras emociones, a veces de manera consciente y otras no tanto, en la que dejamos entrever nuestra alegría, tristeza, sorpresa, tensión o preocupación a la persona que tenemos al lado.

 

A veces todo empieza con una mirada. Entonces ¿qué dicen tus ojos?

 

Foto:pixabay.com

Sobre Marta Chica

Licenciada en Psicología y de profesión Orientadora laboral.

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