Catalizadores para Cambiar el Mundo

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Hace algo más de dos décadas estaba comenzando mi segundo año de universidad. En ese verano de 1996, una de las cosas que hice (aparte de pasar unas vacaciones espectaculares en Málaga) fue sacarme el carnet de conducir.

Al comenzar el curso mi padre me cogió y me dijo: “Hijo, te voy a regalar un coche”

Te puedes imaginar lo que yo pensé: “!!!! El Golf TDI, para ir a la universidad !!!!”, pero la realidad no me iba a deparar algo tan…estilizado.

Mi padre aprovechó que el Pisuerga pasaba por Valladolid y se compró un coche nuevo, lo que provocó que yo heredara su Renault 18 GTS de más de 15 años, el cual me enseño muchas cosas (y aún me las sigue enseñando, fíjate que comienzo el artículo con él).

Me dijo:  ”Hijo, aquí tienes el coche, pero si lo quieres, vas a tener que mantenerlo tú, porque yo no te voy a pagar ni el seguro, ni la gasolina, ni ná de ná”.

En ese momento, cual niño que le regalan un perrito para que se haga responsable de él, acepté el reto, el encargo y busqué un trabajo de fin de semana para poder mantener el coche (mi primera carga, me estaba haciendo mayor, luego vendrían casas, hipotecas, crisis…pero esa es otra historia).

Durante veinte horas semanales concentradas en los fines de semana, era “El rey de la hamburguesa”, lo cual me provocó que me pusiera en plena forma y que obtuviera mis primeras nóminas de 56.000 pesetas para poder mantener mi coche (era todo para el coche porque no tenía tiempo de salir).

Todo eso estuvo muy bien, hasta que al coche hubo que cambiarle el embrague porque ya estaba viejito, y ese arreglo se llevó más de una paga íntegra mensual.

Ahí me di cuenta nuevamente de muchas cosas, pero sobre todo de una, que la hora de un profesional cualificado se pagaba bastante más cara que una hora de trabajo de “el rey de la hamburguesa”, pero ahí tampoco vamos a entrar porque no es el foco del artículo.

Una vez asumido el shock inicial del pago de la factura, y sintiendo que estaba creciendo como hombre y madurando como persona (¿notas la ironía en mis palabras?), volvía a tener en mis manos mi flamante Renault 18 verde metalizado.

Pasaron los meses y todo parecía ir bien hasta que mi “pequeño” decidió, un buen día de primavera, que no quería volver a caminar. Le llevamos a reanimar, pero los especialistas nos dijeron que arreglar el coche era una locura por el coste que implicaba y lo viejo que estaba.

En ese momento todos mis sueños se desvanecieron con él y, con gran dolor de mi corazón, le acompañé hasta su nuevo hogar, un precioso desguace en la carretera de Toledo.

Allí, en su nueva casa, pude ver un espectáculo asombroso: miles y miles de coches apilados, todos inútiles, sin ningún uso, con sus piececitas, esperando a que alguien acudiera una mañana de sábado a desmontarlos y quiera llevarse alguna pieza de saldo.

Y aquí es donde te digo que mi viejo Renault 18 sigue enseñándome cosas:

Nuestra sociedad actual está llena de eso, de PIEZAS desechadas en un desguace., pero no porque ellas no sirvan, sino porque los coches en los que estaban, ya no funcionan.

Y esas PIEZAS están esperando a que alguien vaya a rescatarlas, a sacarlas del desguace.

Incluso, hay PIEZAS nuevas que se incorporaron a un coche que, de repente, dejó de funcionar, como el embrague de mi Renault 18,

¿Y qué culpa tiene esa pieza de que la hubieran puesto en un coche que iba a dejar de funcionar tan rápido? Ninguna, ¿verdad?

Pero es que, incluso, hay piezas que forman parte de los mejores coches que existen, los Formula 1…¿Y qué pasa con esas piezas?

Pues algo todavía peor, como estos sistemas están a la vanguardia, evolucionan mucho más rápidamente y acaban antes en el desguace (o en el museo). Fíjate que un Fórmula 1 que está disputando este año el campeonato del mundo, ya no va a correr el año que viene (¡por lo menos mi Renault 18 vivió más de 16 años!).

Nos han educado para ser PIEZAS que encajemos dentro de un coche, de un sistema productivo determinado. Nos han educado en un modelo creado a partir de la Revolución Industrial, donde las personas se tienen que acoplar a las máquinas, para que interactúen y trabajen juntas dentro de un determinado sistema.

Pero las personas no son máquinas, no son PIEZAS que se puedan desechar cuando no nos interese, porque si las tratamos así, ¿Qué es lo que nos encontramos? Personas que, estando en la mejor edad profesional no son aceptadas por el mercado laboral.

Y yo eso sí que no lo puedo aceptar.

Entonces me puse a pensar: Vale, las personas no podemos ser PIEZAS, no nos pueden educar como a PIEZAS pero…¿Qué tenemos que ser entonces? No me iba a quedar solo en decir lo que pienso que no estamos haciendo bien sin dar ninguna solución creativa para mejorar, ¿No?

Y ahí que me puse yo a pensar en soluciones creativas al problema que me había inventado.

Y pensé en una llave maestra, una PIEZA que se puede adaptar a cualquier tipo de cerradura, que puede cambiar de sistema, que si ya no vale para el Renault 18 valga para otro coche, ¡Qué buena idea!¿Verdad?

Peeeero nuevamente me di cuenta que no, porque en el momento que la tecnología evoluciona, deja a todos los sistemas desfasados. Cuando hay cerraduras digitales, ya no funcionan las llaves maestras. Cuando se desarrolla la fotografía digital dejó de venderse película, cuando apareció el email se acabó el fax y cuando apareció el PC se hundieron las máquinas de escribir electrónicas (igual que la nube ha hundido los CD´s, DVD´s…).

Vale, entonces tampoco podemos ser Llaves Maestras (tampoco iba a acertar a la primera).

¿Y qué tenemos que ser? Pensé nuevamente…

Ya está, tenemos que ser Células Madre, las células madre son células que eligen en qué se quieren convertir; si quieren ser una célula de un riñón, lo son, ai quieren ser una célula del hígado…lo son, de un músculo…lo son.

¡Qué bien, nos forman para que adaptemos nuestro SER a la realidad que queramos adoptar!…Esta podría ser la solución, ¿Verdad?

Pues tampoco, ¿Y por qué?

Porque tú elijes qué quieres ser pero…¿Y si tienes que cambiar? ¿Si ya eres una célula renal, podrías ser una célula hepática? En principio no, ¿verdad?

El mercado nos exige en la actualidad una gran adaptabilidad y anticipación a los CAMBIOS y nos dice que NO vamos a tener el trabajo actual toda la vida y que los trabajos del futuro aún NO se han inventado, por lo que NO sabemos lo que vamos a tener que ser en el futuro.

!Ahhhhh!

Entonces ya estaba “casi” desesperado y a punto de darme por vencido cuando, de repente, un día que estaba corriendo por el campo (los que me conocéis sabéis que tengo pocas ideas buenas, pero que las pocas que tengo siempre aparecen cuando estoy corriendo, por lo que si quieres que se me ocurra algo útil, no me metas en una mesa de oficina, llévame a correr) se me encendió la bombilla:

¡Ya está! Ya sé lo que tenemos que ser: CATALIZADORES.

Pero…¿Qué es un catalizador? Un catalizador es una sustancia que aumenta la velocidad de una reacción química sin ser parte de la reacción, solo con estar presente…!Qué maravilla!

Es decir, es una sustancia que hace que las cosas pasen, y que pasen más rápido, una sustancia que mejora el sistema en el que está, simplemente por estar ahí, sin hacer el trabajo, SIN SER UNA PIEZA.

Y me dije…!Guau! Eso es lo que tenemos que ser, catalizadores, para conseguir que las cosas pasen, que los sistemas sean mejores, más rápidos, más eficientes…

Porque no podemos seguir siendo PIEZAS por muchos motivos (los que hemos visto y muchísimos más). Además, es una tontería que intentemos competir con las PIEZAS, porque la tecnología cada vez es mejor, y las PIEZAS siempre van a ser mejores siendo PIEZAS que las personas siendo PIEZAS (¿has entendido la frase o te he hecho un lío?

Entonces pensé: vale, ya está, seamos catalizadores. Y entonces volví al PRESENTE, miré a la realidad actual y me pregunté: ¿El mundo qué está haciendo? Y vi lo siguiente:

Por un lado, el mercado laboral nos exige esas HABILIDADES y COMPETENCIAS de adaptabilidad y anticipación a los CAMBIOS (están en rollo células madre), pero no nos educan para ello siendo niños, nos siguen educando para ser PIEZAS.

Estamos exigiendo a los jóvenes, cuando salen de la universidad, que desarrollen estas HABILIDADES y COMPETENCIAS por sí mismos. Un poco pretencioso, ¿no? Veinte años educándoles para ser PIEZAS y ahora pretendemos que ellos, por su cuenta, se autoeduquen para ser células madre,

¿No estamos descargando en ellos demasiada “responsabilidad”?

Y por otro lado estamos cogiendo las PIEZAS de los desguaces, personas ya no recién salidas de la universidad, sino expulsadas del mercado laboral, y les estamos “ayudando” a que se reciclen mediante orientación laboral, coaching, formación para el trabajo…

Y yo no digo que eso esté mal, por supuesto que no, todo lo contrario, algo habrá que hacer con todas esas PERSONAS que no “encajan” con lo que el mercado laboral pide, ¿Verdad?

Pero mi pregunta es…

¿Y con el niño de 3 años que empieza su educación escolar ahora? ¿Para qué le estamos educando?

Efectivamente…para ser una PIEZA.

¿No debería ser el momento de que nos replanteemos solucionar el problema de raíz y no solo las hojitas que van saliendo que no nos gustan?

Cambiemos el sistema educativo, dejemos de educar a nuestros niños para ser PIEZAS y comencemos a educarles para ser CATALIZADORES; para que mejoren todo aquello donde estén, para que aceleren las reacciones, para que hagan que las cosas sucedan.

Cambiemos el sistema educativo para desarrollar CATALIZADORES que Cambien el MUNDO, ¿cómo?

Es el gran desafío de la humanidad para las próximas generaciones, ¿Te parece que no es lo suficientemente importante?

Muchísimas gracias

Héctor Trinidad

Sobre Héctor Trinidad Quijada

Profesión:   

Ayudo a las empresas a GENERAR VALOR, POTENCIANDO a sus PERSONAS - Consultor de RRHH, Comunicación y Gestión del Cambio

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