¡Cadenas de brillantes, pero al fin y al cabo cadenas!

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Hay algunos anuncios publicitarios que llaman poderosamente mi atención. Uno de ellos es el del perfume “La vie est belle” protagonizado por Julia Roberts.

La estrella de Hollywood hace su aparición en un evento ataviada con un precioso vestido brillante luciendo una espectacular sonrisa y una muy sedosa melena.

Al igual que todos los invitados al acto, lleva sujetas sus delicadas muñecas por unas largas y delgadas cadenas de brillantes. Llegado el momento, decide romper las ataduras y cortar las cadenas.

La razón por la que me gusta este anuncio es el significado que yo le otorgo. Para mí simboliza la ruptura con las ligaduras, con las imposiciones, con el status quo y un largo etcétera. 

Y ¿como no? La valiente decisión de desmarcarse de la multitud encadenada y sometida por las preciosas cadenas que les mantienen ahí, donde se suponen tienen que estar. Y aunque el resto de invitados gira la cabeza para mirarla al ser conscientes del acto del que acaba de ser protagonista,  todo continúa igual.

Tristemente, no es necesaria una millonaria campaña publicitaria para encontrar este tipo de situaciones. ¿Te has sentido en alguna ocasión como una marioneta? Eso sí, igual sin las cadenas de brillantes, pero marioneta igualmente.

¿Te has parado a pensar quién mueve los hilos de tus decisiones? Seguramente te pasará como a mi, que pienso que yo tomo todas mis decisiones, pero ¿a quién quiero engañar? Si rasco un poco, me doy cuenta de que algún que otro hilo hay alrededor de este pequeño títere. 

Sin ir más lejos, te acabo de poner el ejemplo de la publicidad. ¿Cuántas cosas hemos comprado gracias al poder mediático de campañas como la que he descrito arriba?  Pero no, seguramente a ti no te pasa. Porque tú decides, porque tú nunca consultas a nadie, no echas nunca mano de una persona a quien tienes como referente en cuestiones complicadas y a quien ¡voilà! permites decidir por ti porque te resulta más cómodo.

En otro ámbito, estoy casi segura de que no te habrás visto afectad@ por el efecto halo. Alguien de tu entorno próximo, habla maravillas de una tercera persona y tú, sin tener un gran conocimiento ni haber tratado mucho a esta persona decides copiar y pegar esta opinión para ti. 

Y sucede exactamente igual en sentido contrario. Llega el momento de poner a caer de un burro a fulanit@. No conoces muy bien el tema, pero la persona a tu lado, habla con tal convencimiento que ¡no puede estar equivocada! Y de nuevo le tomas prestada su opinión. Todas las opiniones son subjetivas, de ahí que sean opiniones, pero al menos deberías tener una propia ¿no crees? 

Cada día nos encontramos con cientos de nuevas oportunidades de romper las cadenas que nos limitan, porque les otorgamos el poder de hacerlo. Lo importante es tomar consciencia y, con cariño hacia uno mismo, empezar a tomar las riendas de nuestras decisiones y de nuestras opiniones.

No estamos acostumbrados a esto, y por ello caeremos en la tentación de volver a nuestra zona de confort. Permítete cometer errores, pero no dejes de intentarlo. 

Atrévete a transitar por tu propio camino y perdónate cuando cometas errores, ya que al menos serán tuyos.

¡Feliz día!

 

Foto:pixabay.com

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