Cada loco con su tema

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Dicen que las personas tenemos unos 60.000 pensamientos diarios, y se dice, se comenta, que la mayoría de éstos, son negativos, recurrentes o tienen que ver con el pasado. 

Todos tenemos nuestro “tema” y forma parte de nosotros, de nuestro ayer, de nuestras experiencias, y hasta ahí genial, ¿Pero es necesario sacarlo a relucir en cada conversación?

Ahora es cuando me pongo en plan Las Chicas de Oro y digo, Sicilia-1985: por aquel entonces había una serie “Juzgado de guardia”, en el que había un guardia de oficio en el turno de noche, Bull, que tenía la costumbre de aprenderse en orden todas las palabras del diccionario. La cuestión es que aprovechaba cada situación para colar la palabra que le tocaba viniera a cuento o no. ¿Os suena? Ya veis por donde quiero ir hoy ¿no?

Vamos al llevarlo al plano relaciones, y la verdad es que da igual el contexto personal, laboral, educativo,  porque el “tema” aparecerá igualmente tarde o temprano.

Como un ex, resentido por la ruptura o por el divorcio que aprovecha para despotricar de su antigua pareja a la menor oportunidad, hay personas que en su búsqueda de empleo, proceso de cambio laboral o simplemente en su día a día van sacando su “tema”, ese pensamiento recurrente que deja entrever resentimiento puro y duro, resentimiento laboral.

 Esa mala experiencia, esa frustración por las expectativas no cumplidas, esa vivencia que a su juicio les enseñó (y parece que les pilló por sorpresa)  que el entorno laboral, al igual que la vida, no siempre es justo, ni equitativo, ni predecible ni controlable.

Decía Rosario en su canción “a mí me gusta el run run de mi corazón”. Pues a otros les gusta el run run de su “tema” resonando en sus oídos y en los de quienes  le rodean.

Es ese resentimiento laboral, el que formula preguntas en cualquier aforo (formación, charlas, conferencias, cafés, haciendo la compra) del tipo “Y por qué las empresas a veces hacen o no hacen…” “Y por qué hay gente que no da un palo al agua que sigue trabajando y otra (y yo, quieren decir) está en el paro…” Preguntas que hasta al más experimentado formador u orador dejan con cara de circunstancia por lo poco procedente. ¿Eh? ¿Perdona?  A qué viene esta pregunta… Preguntas que parecen retóricas pero que en el fondo esperan una respuesta que confirme que la vida no es justa, y con eso tengo para escudarme y regodearme en mi mala suerte.

Os suenan las generalizaciones ¿verdad? Los jefes, las empresas, las políticas de empresa…He dicho resentimiento, y añado falta de otros puntos de vista, de contemplar una pequeña posibilidad de que hay más experiencias que la tuya.

¿Realmente estás buscando una respuesta? En lo absurdo de tu pregunta estás buscando una justificación, o sólo es la manifestación en voz alta de tu “tema”, es ese resentimiento que sientes porque tú estás en el paro y otro no, porque hay personas que a tu juicio son menos válidas y están trabajando y tú no, porque otros llegan a objetivos de ventas y tú no, porque otros sí y tú no. Porque las cosas no van como te gustaría y estás buscando culpables y responsables allá donde vas (el gobierno, la economía, la oferta y la demanda, el aceite palma…) quien sea que te exima por un segundo de  pensar que tal vez puedas dejar tu “tema” atrás  e intentar seguir adelante.

“Cada loco con su tema, contra gustos no hay disputas: artefactos, bestias, hombres y mujeres, cada uno es como es, cada quién es cada cual y baja las escaleras como quiere…pero puestos a escoger…. Prefiero volar a correr, hacer a pensar, amar a querer, tomar a pedir. Antes que nada soy partidario de vivir”. Joan Manuel Serrat. 

Sobre Raquel Acón

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