Alineaciones planetarias, estrellas y buenos deseos

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Estamos en esa época en la que, de diferentes formas, celebramos el solsticio de invierno. Son esos días de fiesta, cortos y oscuros, que solemos llenar de puntos finales, deseos y buenos propósitos.

Acaba el año, pero empieza otra estación, el invierno. Y seamos creyentes o paganos (o digamos ateos) vamos a pasar días especiales. En el trabajo muchos andarán locos con el cierre del año, pero en nuestro día a día también querremos ir cerrando temas, aunque sabemos que enseguida tendremos por delante otros nuevos. El ciclo de la vida.

Cuando digo celebrar de diferentes formas es debido al hecho que en casi todas las culturas o sociedades, se tiene muy presente la renovación, la muerte y el comienzo. Siempre hay, en nuestro saturado calendario, alguna fecha concreta para pararse a pensar sobre nuestro propio ciclo, ¿qué deberíamos dejar atrás? ¿qué deberíamos abordar ahora?

Más de una vez habremos hecho esa típica lista de propósitos que luego pues, bueno, no suele resultar tal y como lo teníamos planeado en la mayoría de ocasiones, pero las luces y los adornos de purpurina nos llenan de buenas intenciones. Somos más indulgentes con los dulces y quizás también con nuestros propios objetivos.

Y habrá quién dirá que cualquier momento es el adecuado, que no hace falta esperar a que decoren las calles y empiecen los anuncios navideños en televisión para querer desear algo bueno. Hay quienes de vez en cuando miran al cielo, ven una estrella fugaz y piden un deseo, también tenemos otra oportunidad el día de nuestro cumpleaños al soplar las velas. Pero parece que seguimos manteniendo algunas viejas costumbres, y nos gusta aprovechar eso de pasar la página del calendario para pasar también página en nuestra vida.

Hay que hacer de todo “por si acaso”, el oro en la copa, ponerse algo rojo, quemar un papel, poner velas, y demás rituales ancestrales. Leemos nuestro horóscopo anual, parece que los planetas nos auspician buenas oportunidades y nos regalan doce meses de salud, dinero y amor. Tenemos la fuerza del universo, todo está de nuestra parte, prodigamos felicidad y prosperidad para este año nuevo a cada una de las personas que nos encontramos, independientemente que durante el resto de los días del 2018 no nos importen mucho. También nosotros recibiremos felicitaciones en forma de imagen digital en email, porque ya en el nuevo milenio, noi nos llegan esas bonitas tarjetas de papel.

Todo muy bonito y evocador. Nos sentimos más optimistas entre lentejuelas y espumillón, aunque también haya ciertos momentos de nostalgia por los recuerdos o fallos del pasado. Pero la vida sigue y hay que pensar siempre, que lo mejor está aún por llegar.

Está muy bien pensar de forma positiva en el futuro, en realidad, es lo mejor que podemos hacer pese a que la incertidumbre nos dé mucho miedo a los seres humanos, pero habrá que aceptar que no podemos controlar todo pero que si nos mantenemos perseverantes en nuestro esfuerzo, en nuestra actitud y actuamos con confianza sin desmoralizarnos, puede que podamos dar un empujón a esos planetas que a veces parece que se confabulan en nuestra contra o los llevemos a nuestras espaldas.

Más allá de cuestiones astronómicas o astrológicas, a veces sí es bueno parar un momento, dedicarnos un momento a mirar al cielo y pensar en nosotros y lo que queremos, ¿por qué no soñar y desear algo bueno? Esos augurios presentes pueden motivarnos, pero no podemos quedarnos pasando páginas del calendario, esperando esa magnífica conjunción planetaria o un mero golpe de suerte. Lo más importante es hacer las cosas lo mejor que podamos confiando en nosotros mismos, es decir, cree en ti y en todo lo que puedes llegar a hacer.

Y para acabar, como el saber nunca está de más y a mi me gustan muchas cosas diversas, hago un inciso para recomendaros a los que estén interesados y puedan verlo: “Doce” del Canal Historia, seis episodios sobre la influencia de los astros en el devenir de la historia y la humanidad.

Sobre Davinia Capote

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