4 puntos clave en las formaciones para el empleo

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¿La gestión del alto índice de paro se está realizando con la suficiente sensibilidad hacia las personas que lo sufren?

 

Hablando siempre desde mi propia experiencia personal, como desempleado durante un año y medio, pienso que en este país no se aborda el gran problema del paro como se merecen -y necesitan- los millones de personas que lo viven cada día.

Hay un hecho irrefutable que deberíamos tener en cuenta: la inmensa mayoría de los desempleados de más de 25 años prácticamente no han sabido -hasta esta feroz “crisis”- lo que era tener problemas a la hora de encontrar trabajo. Y no se trata de que hayan sido expertos en la búsqueda de empleo, sino de que ANTES había una oferta laboral infinitamente mayor que la actual, así de simple.

Hace unos años, ninguna persona que quisiera buscar empleo tenía que tener conocimientos sobre marca personal, ofimática (excepto en casos específicos del puesto de trabajo), networking, autocandidaturas, mapas mentales, lenguaje corporal, comunicación, gestión emocional, planificación, prospección de empresas, RRHH, etc.

Cuando se quería trabajar, simplemente se redactaba un currículum (que no tenía que ser fashion, como los de ahora) y se presentaba con él, lo más aseado/a posible, en la dirección que ponía en la oferta. Muchas veces hasta se podía tener la entrevista en ese mismo momento ¡e incluso salir de la empresa casi con el contrato firmado!

Este escenario está a años-luz de la situación actual y, no solo eso, sino que las personas que han vivido la mayor parte de su vida en ese periodo de “normalidad laboral” no han podido adaptarse a los cambios tan brutales de los últimos tiempos, no porque no quieran, sino ¡porque no han tenido suficiente tiempo para ello! A la mayoría, simplemente, les han quitado de improviso el suelo de debajo de sus pies y les han “tele-transportado” a un mundo nuevo, totalmente diferente y mucho más complicado que el que conocían hasta ahora

 Por eso creo que el tejido institucional, y formativo, que se ha creado en torno a estas personas no tiene suficientemente en cuenta la verdadera magnitud del problema que significa quedarse en el paro, especialmente para los que tienen más de 35 ó 40 años; no se contemplan, con el suficiente conocimiento de causa, los problemas emocionales y personales a los que se enfrentan estas personas sin trabajo, con una edad que ya se entiende como “crítica”, y que repercuten muy seriamente en sus capacidades para adaptarse a la nueva situación que les toca vivir.

A la vista de esta realidad, hay unos puntos que considero claves en cuanto a la gestión de las actividades formativas que se diseñan para las personas que buscan empleo:

1 - Organizar las aulas por grupos de edad, dejando abierta la posibilidad de acceder a un grupo diferente, si el alumno así lo prefiere.

Esta clasificación facilitaría una mayor cohesión dentro del grupo y aumentaría la eficacia de las formaciones.

2 - Los formadores deberían tener experiencias propias respecto al desempleo o, en su defecto, haber recibido formación específica para poder comprender mejor el estado emocional de sus alumnos y realizar las formaciones de manera más empática, lo que redundaría en un aumento de los resultados.

3 - Sería conveniente que los técnicos que diseñan las programas formativos conocieran mejor el mundo del desempleo, para saber cómo lo viven y qué sienten los que lo padecen.

¿Nos hemos parado a pensar que la inmensa mayoría de los desempleados para los que estos técnicos trabajan (es así, aunque les pague otro), lo que están haciendo realmente es pedir AYUDA a gritos y que solo acuden a los centros formativos porque es el único recurso que la Administración pone a su alcance para buscar una solución a su problema, el paro?

4 - He dejado para el final el punto que considero más importante: los programas formativos tiene que modelarse desde el punto de vista del ACOMPAÑAMIENTO a las personas que acceden a ellos, sobre todo a las de franjas de edad más sensibles de necesitarlo.

Tiene que ser un acompañamiento REAL y ACORDE  con las circunstancias a las que se pretende dar respuesta, para que los desempleados se sientan en un entorno seguro, rodeados de profesionales -personas al fin y al cabo- que se esfuercen por ponerse un poco en su piel y que les faciliten los espacios y los aprendizajes que realmente necesitan, no solo a nivel técnico sino, sobre todo, en cuestiones prácticas de crecimiento personal para recuperar la autoconfianza que muchos de ellos han perdido y sin la que, por excelentes que sean las formaciones que reciban, no podrán conseguir los cambios que necesitan para reconducir sus vidas.

El acompañamiento a los desempleados en su proceso de búsqueda de empleo no tiene nada que ver solamente con mirar su CV e indicarles qué tipo de formaciones les pueden interesar, de manera subjetiva y sin un verdadero seguimiento posterior; eso es simplemente un proceso de orientación formativa, muy bien intencionado pero sin el imprescindible conocimiento del estado emocional del interesado a lo largo del proceso.

Cuando los que hemos pasado por el paro hablamos de ACOMPAÑAMIENTO, nos referimos a procesos que, si bien lo ideal sería que fueran individualizados, también se pueden realizar de una manera mucho más efectiva que la que la actual; solo es necesario QUERER cambiar la visión que se tiene respecto a lo que se viene haciendo y ESCUCHAR  a los que saben realmente lo que se siente y se necesita cuando se está buscando empleo en las difíciles circunstancias actuales.   

La experiencia SIEMPRE es un grado, aunque a veces sea en algo tan poco agradable como es el desempleo.

Sobre Chema Montorio

Me apasiona que las personas descubran sus verdaderos potenciales y los hagan brillar, para su propio beneficio y el de los demás, contribuyendo al aumento de su auto-confianza y mejora personal.

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